El frío empezaba a instalarse en Pamplona y nuestras cabezas las ocupaban los primeros exámenes parciales del curso. Sin dejar la tónica de trabajo, Mendaur nos ofreció a todos los colegiales una entretenida velada que se convirtió en la primera píldora cultural del año: una noche repleta de fuertes sabores de queso, endulzados con vinos selectos de los viñedos navarros. Mendaur no es solo una residencia: es mucho más…

El acto lo preparó la comisión de cultura del mayor. Un arduo trabajo de semanas para conseguir un perfecto contraste entre los quesos y sus respectivos vinos.

Tras una interesante meditación de la mano de don Pablo Marti y la habitual cena de bocadillos de los sábados, se inició un plan que difícilmente olvidaremos:  la profesionalidad de los camareros, la buena presentación y el excelente ambiente estuvieron envueltos en suaves melodías de la mejor música clásica. Por citar algún vino estrella, nos pondremos delante de un buen Príncipe de Viana: el vino estrella de la noche. La verdadera fuerza de un vino reside en el queso que lo acompaña. Este vino no se encontraba solo, estuvo toda la noche acompañado de dos quesos: un partisano y un manchego.

La noche fue transcurriendo con gran alegría y jovialidad, hasta que el decano del mayor, Hunter McMillan, nos invitó a pasar al salón. La Comisión de Eventos había ordenado la disposición de la sala hasta crear un pequeño escenario donde nos fue ofrecido, entre otras cosas, un pequeño concierto de cuerda de la mano del colegial Antonio Sierra Maestro y dos acompañantes. Se pudieron intuir caras de satisfacción y de auténtica sorpresa cuando los músicos interpretaron la canción de el “Canon en re mayor” de Johann Pachelbel con una destreza y una maestría digna de admirar. Todos los colegiales de Mendaur esperamos con gran ilusión el siguiente plan cultural en Mendaur.

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